Historia de los guías del Etna

Las orígenes de los guías del Etna no son ciertas. Los primeros registros datan de finales del siglo XVIII, ya en esa época, las visitas de los viajeros se sucedían en compañía de guías, que sabían perfectamente los segredos de la “Gran Montaña”. Entre ellos existe aun una memoria de un tal Biagio Motta, dijo el “cíclope” por su estatura, y que, en 1776, un viajero francés, “Roland de la Platiere” lo describió como sigue:
“Un hombre alto, de aproximadamente 50 años, un ar severo con cualquier cosa de venerable; caminaba adelante con pasos largos, sin decir una palabra, respondiendo a cada pregunta brevemente y con precisión…”
En general, estos “guías” eran pastores, cazadores, leñadores que conocian bien las dificultades y los caminos de un territorio tan vasto y variable. No eran regularizados, por eso sus rendimientos eran improvisados, debian demostrar capacidad fisica y moral para poder conquistar la confianza de los viajeros, que además del espíritu aventurero, también tenían una grande dosis de prejuicio, al punto que Brydone decía: “La gente que habita en la montaña nos pareció de tal salvajismo y con modos tan incivilizados como nunca había visto antes” o asi como Eliseo Reclus, en su diario di viaggio “ La Sicilia e l’eruzione dell’Etna nel 1865” comentaba: “…no habia otro riesgo para los extranjeros que pasaban por Nicolosi de no ser asaltado y robado por los mendigos, los guías y los taberneros .
Los viajeros más antiguos, retornando a sus paises, divulgavan para el gran publico intelectual del Norte de Europa, los diarios de sus experiencias de viaje por el sur de Italia, con una gran cantidad de noticias, curiosidades y imágenes representadas por sus dibujantes, denigrando a veces, pero muchas veces realzando la belleza natural de Sicilia y del Etna, en particular. La descripción detallada de la majestuosidad del volcán, sus erupciones, las perculiaridades del medio ambiente, que sólo puede ofrecer el Etna; los bosques, tan variados de endemismos en las tres zonas principales, el esquí, el desierto de lava mezclado con lapilli y ceniza de las regiones altas, el cráter central insondable con la eterna pluma di humo, los encantadores pueblos encaramados en sus caderas, ricos de historia por la lucha continua efectuada por sus habitantes, versátiles e intuitivos, desobedientes y fértiles, obstinados y provisorios, que supieran siempre mantener una extraña relación de amor y odio con la gran montaña de fuego.
La difusión de estas noticias, junto con el incremento de las ciencias naturales y la presencia de la máxima expresión de la vulcanología, los hermanos Gemmelaro, causaban un flujo discreto de viajeros a Nicolosi. Así nació, en el pueblo, la necesidad de crear las primeras formas de alojamiento, con las primeras posadas, las tabernas y todos aquellos servicios que podrían ser útiles a las necesidades de las personas que se aventuraron a explorar el volcán (pequeños comerciantes, artesanos, etc…) Así habla de Nicolosi, Eliseo Reclus, siempre en su diario de viaje: “el pueblo presume de dos hoteles que equiparan a otros de Sicilia por su relativa limpieza y comodidades oferecidas”.
Mario Gemmellaro, entonces, haciéndose intérprete de las necesidades de los viajeros que buscaban la asistencia de personas capaces de acompañarlos, tuve la idea y organizo desde 1804, el grupo de guías y arrieros del Etna, expertos en los ásperos senderos del volcán.
Las personas para seren guías debían ser reclutadas, a partir de conocimiento personal, directo de los hermanos Gemmellaro, eligiendose entre aquellos que tenían más capacidad física, rectitud moral, honestidad y conocimiento de la montaña, y que garantizaban prestigio y seguridad de tal manera que los clientes que le dirigiessen le pudiesen confiar.
El guía elegía, autonomamente, el itinerario para proponer al cliente, y con relación al numero de participantes y equipaje de los mismos, oraganizaba un servicio de portadores con el propósito de llevar el equipaje del cliente, en el caso donde la excursión saliese a pie de Nicolosi, o el grupo de arrieros colaboraba, en el caso donde los viajeros pediesen para hacer el viaje a lomo de mulas. El servicio de estos animales y de sus conductores, normalmente, se agotaba con la llegada a la “Gratissima”, un pequeño refugio para los viajeros, en la base del cono terminal, a lo largo del camino que normalmente se recorrería subiendo de Nicolosi.
La actividad de los guías siguió bajo la égida de los Gemmellaro y de sus sucesores por aproximadamente 70 años.
En 1875 se fundó en Catania la primera sección de Sicilia del “Club Alpino Italiano”. Los diretores de la sección transpusieran los resultados del congreso alpino, celebrado en Domodossola en 1870, donde el abad Garret trató el tema de la organización de los guías y porteadores y la necesidad de regular las funciones y tarifas. El consejero central, Orazio Spenna, insertó esta propuesta en los temas del programa del mismo congreso y la asamblea aprobó la ordenación de las secciones individuales para completar, de acuerdo con las exigencias y necesidades de su proprio distrito, un reglamento.
Así, en 1877, dos años desupués de su constituición, se hizo el reglamento para los guías y los porteadores del C.A.I. de la sección de Catania.
Los guías de Nicolosi, gracias al C.A.I, adquirieron esa identidad que aún hoy conocemos como “los guías del Etna”, además de haber tenido el reconocimiento y la gratidud de milliones de visitantes que hace casi dos siglos han ayudado a desentreñar los secretos del nuestro gran volcán.
El mismo año, se constituye el primer grupo de guías y portadores, formado por aquellas personas que, sin embargo, fueran fuertemente influenciados por la organización de los Gemmellaro e que a su vez se dividieran en dos grupos, el primer llamado “Guías de Etnee”, hacian parte: Consoli Antonio (jefe de los guías), Gemmellaro Giuseppe, Carbonaro Antonino, Consoli Salvatore, Anastasio Giuseppe, Constanzo Vincenzo, Leonardi Antonio, Leonardi Alfio, Gemmelaro Antonio, Galvagno Pietro y Gemmellaro Salvatore, los unicos considerados aptos para hacer el acompañamiento por las zonas altas del Etna hasta la parte superior del cráter central; el otro grupo, llamado “Guías de los Montes Rojos”, hacian parte: Salvatore Carbonaro (jefe de los guías), Antonio Contarino, Gaetano Rizzo, Salvatore Chitè, Giuseppe Anastasio, Carmelo Chitè y Nunzio Contarino, se limitaban, sin embargo, a hacer el acompañamiento a la parte superior de los Montes Rojos.
Así terminaba una era de improvisación. Los guías habiendo, por lo tanto, un reglamento, se los dio un uniforme, un sombrero y una credencial, asi como para permitir al viajero la seguridad de confiar en las personas, sin embargo, reconocidas o reconocibles, también debido a que los señales que pertenecían a esta categoría, se estaban uniformizando en toda Italia con el surgimiento de los distintos comités seccionales y regionales.
Actualmente, los guías del Etna, únicas figuras autorizadas al acompañamiento bajo la L.R. de 6/4/96, pertenecen al Colegio regional de los Guías Alpinos y Vulcanológicos de Sicilia, con sede en Nicolosi (CT) P.zza Vitt.Emanuele n. 43 y cuenta n. 53 inscritos entre los guías alpinos, guías alpinos eméritos y guías vulcanológicos.
Algunos de ellos, debidamente inscritos en los registros o listas del mismo colegio, trabajan solos o associados, en cooperativas como la nuestra que, hoy, se compone de 7 guías alpinos y 10 guías vulcanológicos, estos últimos formados en 2001, con el 1º corso para guías vulcanológicos.